Puntos clave
- El precio lo mueven el alcance funcional, el contenido y el mantenimiento, no el número de páginas.
- Una landing para campañas, una web corporativa y una web a medida son tres productos distintos, no tres tamaños del mismo.
- Los textos y las fotos son la partida que más retrasa los proyectos y la que casi nunca está presupuestada.
- Una web sin mantenimiento se degrada: dominio, alojamiento, actualizaciones y copias tienen un coste anual que conviene prever.
¿Cuánto cuesta una página web en España?
Hay tres productos distintos que la gente llama igual, y por eso los presupuestos parecen no tener sentido cuando se comparan.
Una landing page es una sola página pensada para convertir visitas de campaña en contactos. En nuestro caso arranca en 1.500 euros y se entrega en dos o tres semanas. Una web corporativa completa, con sus secciones, su blog y su SEO técnico, parte de 4.500 euros y lleva entre seis y ocho semanas. Una web a medida empieza en 9.000 euros. Lleva funcionalidades propias, área privada o conexiones con otros sistemas, y no tiene techo claro porque depende de lo que haya que construir.
Esas cifras son nuestras y son de partida. Lo útil está en entender qué las mueve.
Y conviene decir una cosa sobre las comparaciones. Un presupuesto de 600 euros y otro de 6.000 rara vez compiten por el mismo trabajo. El barato suele cubrir el montaje sobre una plantilla, con los textos puestos por el cliente y sin medición. El caro incluye investigación, redacción, desarrollo propio y configuración analítica. Las dos cosas son legítimas; el problema aparece cuando se comparan como si fueran lo mismo.
Lo primero: qué tiene que hacer la web
Una web que informa es un proyecto. Una web que además reserva citas, cobra, calcula presupuestos o se conecta con el CRM es otro, aunque por fuera se parezcan.
Cada función que va más allá de enseñar contenido añade tres trabajos invisibles. Pensar los casos en que algo falla, probar que no falla, y mantenerlo cuando cambie el sistema con el que se conecta. Por eso un formulario de contacto normal cuesta poco. Uno que crea el cliente en el CRM, dispara un correo y avisa al comercial cuesta bastante más, aunque el visitante vea lo mismo.
Antes de pedir presupuesto conviene escribir la lista de cosas que la web tiene que hacer, no de páginas que tiene que tener. Con esa lista, dos presupuestos se vuelven comparables.
Hay además una decisión que mueve el precio más de lo que parece: el idioma. Una web bilingüe no llega a costar el doble. Añade entre un 30 y un 40 % al trabajo de contenido, y obliga a mantener dos versiones de cada página para siempre. Conviene decidirlo al principio, porque añadirlo después es rehacer la arquitectura.
La partida que nadie presupuesta: los textos
Esta es la causa número uno de retraso en proyectos web, y casi nunca aparece en el presupuesto. Alguien tiene que escribir los textos de cada página, y decidir qué foto va en cada sitio.
Hay tres caminos. Los escribe el cliente, que sale gratis y suele tardar meses porque nunca es prioritario. Los escribe la agencia, que cuesta dinero y va rápido. O se reparte, con el cliente aportando el conocimiento en una entrevista y la agencia redactando.
El tercero es el que mejor funciona, y es el que usamos nosotros. Una conversación de una hora por sección da más material útil que tres meses esperando a que alguien saque tiempo un domingo.
Con las fotos pasa algo parecido. Un banco de imágenes es barato y se nota. Una sesión propia cuesta entre varios cientos y un par de miles de euros, y es lo que distingue una web real de una plantilla.
Para un negocio de servicios, las fotos propias del equipo y de las instalaciones suelen rendir más que cualquier mejora de diseño. La gente compra a personas, y una cara conocida en la página de contacto hace más por la confianza que tres efectos de desplazamiento.
¿Plantilla o desarrollo propio?
Una plantilla de WordPress o un creador tipo Wix resuelven el escaparate por poco dinero, y para muchos negocios eso basta. El coste aparece después, en dos formas.
La primera es la velocidad. Las plantillas cargan mucho código que tu web no usa, y eso se paga en visitantes que se van antes de ver nada. Es un problema medible, no estético, y lo tratamos en Core Web Vitals.
La segunda es el techo. Llega un momento en que lo que necesitas no lo hace la plantilla, y entonces o se añade un complemento más o se rehace. Hemos visto webs con treinta complementos instalados: cada uno es una puerta de entrada y un trabajo de actualización.
Nuestro criterio es sencillo. Si la web es un escaparate que cambia poco, una plantilla bien elegida es razonable. Si la web tiene que vender, medir y crecer, el desarrollo propio sale más barato en tres años aunque cueste más el primer día.
Hay un tercer camino que se olvida: quedarse con la plantilla y gastar el dinero en contenido. Para un negocio que empieza, una web modesta con cinco páginas bien escritas suele traer más clientes que una web impecable con textos genéricos.
Lo que cuesta después del primer día
Una web no se compra y se olvida: hay que mantenerla. Las partidas recurrentes son cuatro y conviene preverlas desde el principio.
- El dominio, que son unos pocos euros al año y el día que caduca se cae todo.
- El alojamiento, que va desde unos pocos euros al mes en compartido hasta bastante más si hay tráfico o requisitos.
- Las actualizaciones de seguridad, que en WordPress son obligatorias y frecuentes.
- Las copias de seguridad probadas, que es distinto de tener copias: una copia que nadie ha restaurado nunca no es una copia.
En nuestro caso el mantenimiento arranca en 150 euros al mes. Lo importante no es la cifra sino que esté contratado con alguien: la mayoría de los desastres que hemos visto empiezan por una web que nadie actualizaba.
¿Por qué se retrasan los proyectos web?
Casi nunca por el desarrollo. En nuestra experiencia, la inmensa mayoría de los retrasos vienen de dos sitios, y los dos están del lado del cliente sin que nadie se lo haya advertido al firmar.
El primero son los contenidos, que ya hemos visto. El segundo son las validaciones. Un proyecto donde cada pantalla la tienen que aprobar cuatro personas de departamentos distintos tarda el doble que uno con un único interlocutor que decide.
Hay una forma barata de evitarlo, y es acordarlo antes de empezar. Una persona responsable de decidir, un plazo máximo de respuesta a cada entrega, y la regla de que el silencio durante ese plazo se entiende como aprobación. Suena duro escrito y evita meses de deriva.
Cómo comparar dos presupuestos que no se parecen
Cuando llegan tres propuestas con precios muy distintos, casi nunca es que una sea cara. Es que están presupuestando cosas diferentes. Estas son las preguntas que las vuelven comparables.
- ¿Los textos están incluidos o los aporto yo?
- ¿Quién es el dueño del dominio, del alojamiento y del código?
- ¿Qué pasa si quiero cambiar de proveedor dentro de dos años?
- ¿Incluye medición configurada o solo el diseño?
- ¿Cuántas rondas de cambios entran en el precio?
La segunda pregunta es la que más disgustos evita. Hay proveedores que registran el dominio a su nombre, y recuperarlo después es largo y caro.
La última también merece atención. Un presupuesto sin número de revisiones acaba en una de dos situaciones: o el proveedor corta cuando se cansa, o el proyecto se eterniza. Dos o tres rondas por fase es un acuerdo razonable para ambas partes.
Cuándo no toca hacer la web todavía
Hay dos momentos en los que recomendamos no gastar en una web nueva. Cuando el negocio aún no tiene claro a quién vende, porque la web acabará diciendo generalidades y habrá que rehacerla. Y cuando no hay presupuesto para traer visitas, porque una web sin tráfico es un folleto caro guardado en un cajón.
Hay un tercer caso, menos evidente. Cuando la web actual convierte bien y solo molesta por fea. Rehacer una página que funciona es la forma más rápida de perder lo que funcionaba sin llegar a saber qué era. Pasa más de lo que parece.
En ese segundo caso suele rendir más empezar por una landing de 1.500 euros conectada a una campaña pequeña. Se mide qué mensaje funciona y se hace la web grande después, con esa información encima de la mesa.
Por dónde empezar
Escribe en una hoja qué tiene que conseguir la web, cuántos contactos o ventas al mes la harían rentable, y quién va a escribir los textos. Con esas tres respuestas, cualquier agencia seria te puede dar una cifra ajustada en una conversación, y tú puedes comparar presupuestos sin fiarte del precio a secas. Si quieres que lo miremos contigo, forma parte del trabajo de diseño y desarrollo web, y los importes de partida están en precios.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto cuesta una web sencilla para un negocio pequeño?
Una landing de una página orientada a conseguir contactos parte de 1.500 euros en nuestro caso. Una web corporativa completa arranca en 4.500. La diferencia está en el alcance, no en el tamaño.
¿Es más barato hacerla con WordPress?
Suele serlo el primer día. A tres años la cuenta cambia, porque hay que sumar complementos, actualizaciones de seguridad y la pérdida de visitantes si la web carga lenta.
¿Están los textos incluidos en el precio?
Depende del proveedor, y es la pregunta que más diferencias explica entre presupuestos. Conviene preguntarlo de forma explícita antes de comparar cifras.
¿Cuánto cuesta mantener una web al año?
Dominio, alojamiento, actualizaciones y copias. En nuestro caso el mantenimiento arranca en 150 euros al mes; lo esencial es que alguien se ocupe, no quién.
¿Cuánto tarda en hacerse?
Una landing, entre dos y tres semanas. Una web corporativa, de seis a ocho. Los retrasos casi nunca son de desarrollo: son de textos y fotos que no llegan.



